Es necesario que los docentes nos replantiemos el sentido que se le da a la evaluación memorística, ésta no se vincula con aprendizajes significativos y no se obtienen resultados efectivos. Si evaluamos sólo el producto, el alumno tratará de memorizar, sin preocuparse ni reflexionar acerca de los procesos que le permiten construirlos, y precisamente esto es lo central. Es fundamental la construcción del conocimiento para luego aplicar significativamente el concepto y la teoría.
“Los propósitos por los que se realiza la evaluación son muy diversos y no siempre nobles. Actualmente existe una verdadera patología de la evaluación, que se traduce en la existencia de un cierto número de malos usos y de abusos (Santos, 1993). Así, sabemos que se puede evaluar para conocer, para valorar y para mejorar, pero que también puede hacerse para dominar, acreditar, para justificar decisiones previamente tomadas o para promover una determinada imagen externa. La evaluación puede así mismo utilizarse para el logro de objetivos próximos, tales como conceder una promoción académica o profesional, acreditar una institución o decidir el futuro de un programa.
No se trata de evaluar por el simple gusto de hacerlo. Cuando evaluamos una realidad nos adentramos en sus ámbitos más sensibles y lo hacemos con una intención valorativa: esto exige centrar la atención en las posibilidades de mejora. Y, este énfasis en la mejora constituye una exigencia ética que pesa sobre el evaluador, como contrapartida del poder que detenta en el proceso de evaluación.”
En: “El concepto de la calidad de la educación y su relación con la evaluación”, Alejandro Tiana Ferrer.

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